|
Fundada el 10 de Julio de 1942, pero constituida legalmente recién el 23 de Diciembre de 1957, siempre con la finalidad de "defender los intereses profesionales y propender al desarrollo social y cultural", la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina no pudo ser, desde sus orígenes, más bohemia y gentil de lo que fue. Sus directivos se congregaban en el subsuelo de un negocio en la hispánica Avenida de Mayo 1357, luego en Cerrito 767 y, por largo tiempo, en un 2 x 2 en los altos del Cine Premier, con ínfimo y desigual mobiliario prestado. Pero mensualmente organizaban cenas de camaradería y todo cinematografísta (como se decía entonces) de mérito resultaba miembro honorario o era agasajado con algún acto público. Máxime cuando al fin se contó con casa propia -la actual de Maipú 621- con bar, microcine, biblioteca y cuadros de Quinquela Martín y Clemente Lococo en las paredes. Pero nos estamos adelantando demasiado. En 1942, la Asociación apenas tenía un sello, y encima compartía espacios públicos con una contemporánea Sociedad de Críticos, Cronistas y Ensayistas de Cine, conducida por Manuel Agromayor y el literato Enrique Wernicke, con miembros directivos tan prestigiosos como Hugo MacDougall, Chas de Cruz, Manuel Peña Rodríguez, Eliseo Montaine, Enrique Amorín, Francisco Madrid, José Ramón Luna y Enzo Ardigó, que también estaban simultáneamente en la comisión directiva de nuestra Asociación, junto a Roberto Tálice (presidente), Calki (vice), Miguel Navas (secretario), José R. Chao Monzón, Manuel Rey alias King, Abel Montheil, Demófilo R. Rodríguez, Ely Moles y la activa colaboración de Lolita Pardo Bazán. Pero en enero de 1943 la Asociación empezó a destacarse y a prestigiarse, con el primero de una serie de actos luego tradicionales: la entrega de premios a la producción nacional del año anterior. Aquello empezó con dos plaquetas (mejor película nacional y mejor extranjera) y siete medallas (director, actores, argumento, adaptación) de oro, que congregaron a cientos de curiosos al permanecer expuestas en una vidriera de la calle Florida los días previos al escrutinio de los votos e inmediata entrega de galardones. Para dar su opinión más concienzuda, los cronistas pidieron -¡oh, tiempos!- rever los principales films en funciones especiales de las distribuidoras y enviar su voto a la recepción de la revista "Cine Argentino" (de la que Tálice era secretario de redacción) en un sobre repartido y estampillado por la Asociación. Votaron 49 cronistas -casi el 80% de los afiliados- y la fiesta fue en los salones del Alvear Palace Hotel: un "diner-danzant" cuyas tarjetas habían sido vendidas al público general en las boleterías de algunos cines y en las oficinas de dos distribuidoras, en la Organización Cinematográfica de Representaciones Artísticas y en el Instituto Bruno Boval. Los premios recayeron sobre "La Guerra Gaucha" (película, director Demare, adaptación Petit de Murat-Manzi), "Malambo" (libreto MacDougall), "El tercer beso" (actriz Amelia Bence), "Los chicos crecen" (actor Arturo García Buhr), y "Que verde era mi valle" (EE.UU., John Ford), y hubo también un premio especial a Dante Quinterno, por el esfuerzo e ingenio con que hizo el corto de animación en colores "Upa en Apuros". La fiesta se repetiría desde entonces, con mayor lista de premios, con mayor o menor fasto, en uno u otro lugar, según las circunstancias, y con alguna que otra interrupción. La mayor, entre 1976 y 1980, cuando la lista de films y artistas ternados como los mejores coincidió con la lista de prohibidos por el gobierno de turno. Es que otra actividad en la que se destacó Cronistas fue en la lucha contra la censura, lo que le valió juicios (en 1959 los miembros de la Comisión Directiva sufrieron un procedimiento por haber auspiciado "Los amantes", de Louis Malle), amenazas, dolores de cabeza y también triunfos: en 1982, la guerra de solicitadas del Ente de Calificación fue aplastada por la multitud que apoyó, en el Capitol, una quincena de preestrenos organizada por Cronistas con películas prohibidas. Y en febrero de 1984, por fin, el Ente de Calificación fue disuelto y la ley que autorizaba cortes y prohibiciones, derogada. La lucha nunca sería abandonada. Cronistas se lució también en otras actividades: una política didáctica iniciada en 1956 con la Primera Exposición del Libro y la Prensa Cinematográfica del país y con una plan de exhibiciones para niños; decenas de muestras y semanas de cine, con cada vez mayor espacio a la producción nacional, en diversos puntos del país e incluso en Uruguay; participación en consultas, proyectos y movilizaciones sobre legislación cinematográfica propiciando formas de recuperación industrial; exhibición obligatoria de films nacionales y créditos a la producción; dictado de charlas y cursos a público interesado; auspicio de una o dos películas de grandes valores artísticos por año y, particularmente, creación del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Pero esto merece una nota aparte. * es crítico del diario Ámbito Financiero y miembro de esta entidad 
Junta escrutadora de la elección de los valores nacionales del año 1950, celebrada en el Restaurant San Martín, el día 18 de Junio de 1951. La misma estuvo conformada por los Sres. Jorge Montes, Julio Golicer, Natalio Brasky, Mariano Hermoso y De la Serna (en la foto) Los cronistas de cine celebran 60 años - Aniversario de la entidad que los reúne Escrito por Adolfo C. Martínez * Fueron quienes dieron impulso a la primera muestra internacional marplatense Su consigna, "defender intereses profesionales y propender al desarrollo cultural" La Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina cumple sesenta años de existencia. Fieles a la consigna de "defender intereses profesionales y propender al desarrollo cultural", sus iniciadores desarrollaban su actividad profesional en los más importantes medios de difusión de Buenos Aires. Nombres como los de Roberto Tálice, Enzo Ardigó, Chas de Cruz, José Ramón Luna, Manuel Rey (King), Manuel Peña Rodríguez y Calki, entre otros, impulsaron a la asociación a través de una serie de actos luego tradicionales: la entrega de premios a la producción del año anterior, conferencias, mesas redondas y exhibiciones de prestigiosos preestrenos. Pero esos cronistas que alternaban la bohemia de la época con una fervorosa pasión por el séptimo arte deseaban apuntar más alto en sus ambiciones. Y así, en 1959, decidieron crear el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. "No teníamos diez dólares de capital -recuerda Héctor Grossi, uno de los impulsores de la muestra-, y nadie creía en la viabilidad del proyecto, pero nuestra tozudez pudo más y el festival se concretó a lo largo de sus diez ediciones." En aquel primer festival la ciudad atlántica se vistió de gala. Y no sólo por la excelente selección de los films que se proyectaron, sino por las visitas internacionales que llegaron hasta esas playas. Paul Newman, Harriet Anderson, Cantinflas, Anthony Perkins, Catherine Deneuve y el notable realizador francés Abel Gance engalanaron los días y las noches de esas reuniones multitudinarias. Los máximos premios de aquel primer certamen fueron para los films "Cuando huye el día", de Ingmar Bergman, y para la producción argentina "El jefe", de Fernando Ayala. Esos esforzados críticos no necesitaron de ayuda estatal para concretar su propósito porque sabían que el apoyo gubernamental siempre está condicionado a intereses extracinematográficos. En sus diez ediciones la muestra marplatense justificó el esfuerzo, satisfizo expectativas y dio cabal respuesta a necesidades de aquellos tiempos. Luego de esa década dorada el festival ya se había convertido en un sello indeleble de los veranos de Mar del Plata, pero debió suspenderse. Una Argentina distinta, avarienta de poder, inserta en corruptelas, indiferente hacia toda idea cultural impidió la persecución de ese mágico camino por lo mejor del séptimo arte. Años después, el festival volvió a cobrar vida. Pero poco o nada de aquella magia de los críticos de entonces volvió a florecer. Y la respuesta está dada precisamente ahora, en esta decimoséptima edición de ese festival, en la que la humildad de recursos y la opacidad de sus visitantes extranjeros supera con creces al amor inclaudicable de aquellos cronistas pioneros. 
Gala inaugural del Festival de Cine de Mar del Plata de 1959 De ayer a hoy Mientras tanto, la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, que tendrá su humilde lugar en el actual festival -mañana, a las 16, se recordará a sus fundadores durante un acto en el Museo del Mar-, prosigue su labor entre la pobreza y el esfuerzo denodado de su junta directiva. Mucho tiempo ha pasado desde aquel 10 de julio de 1942, cuando sus creadores se congregaban en el subsuelo de un negocio de la Avenida de Mayo, luego en Cerrito 767 y, por largo tiempo, en un modesto cuarto ubicado en los altos del cine Premier. En su dispar lucha contra la menguada economía, se contó por fin con casa propia en Maipú 621. Allí había un confortable bar, un microcine, biblioteca y cuadros de Quinquela Martín y de Clemente Lococo. En este lugar, bastante empobrecido por el paso del tiempo y por la falta de recursos, los cronistas continúan con su labor de difusión de la cinematografía internacional, alternada por cursos y por conferencias y mesas redondas. Rómulo Berruti, actual secretario de la entidad, no se deja vencer por una realidad que va acorralando a los cronistas de cine. "La asociación -dice- no tiene subsidios ni apoyo de ningún tipo. Pero procuramos no dejarnos entrampar por la realidad del país, y estamos organizando una semana de preestrenos internacionales en el Village Recoleta. Además, en mayo, haremos nuestra clásica entrega del Cóndor de Plata a la producción cinematográfica del año pasado y tratamos fervientemente de que, luego de sesenta años de vida, nuestra entidad prosiga el camino trazado por sus fundadores." * es critico del diario La Nación y miembro del Consejo Directivo de la entidad (nota publicada en el diario La Nación - Jueves 14 de Marzo de 2002)
|